Tras nuestros magníficos días en Torre del Mar, nos dirigimos a la Barrosa donde pernoctamos en el Aparthotel Novo Sancti Petri, que recomiendo por tener unas instalaciones muy nuevas y muy completas y dejamos el kayak y el coche en su aparcamiento. Como la actividad empezaba a las doce, tuvimos bastante tiempo para descansar. Cuando llegamos a Sancti-Petri, Eduardo nos advirtió que no podíamos salir por la rampa del puerto como el resto, sino que teníamos que hacerlo por la playa cercana. Me chocó un poco, pero en fin… Menos mal que al momento se presentaron Paco “Barbablanca” y Eduardo de Cádiz que nos ayudaron a bajar el coche de la baca e incluso nos lo pusieron al lado del agua. Nos vino estupendamente porque llegábamos con el tiempo justo debido a la tardanza en cobrarnos la recepcionista del hotel. Gracias amigos. El ambientillo estaba servido, el tiempo estaba estupendo y el gusanillo de empezar la travesía corría por el pecho. Parte de la actividad estaba subvencionada por el Ayuntamiento de San Fernando, por lo que una multitud de jóvenes y menos jóvenes participaba y se movía por la rampa… Se echaban al agua las primeras embarcaciones y empezamos a agruparnos para iniciar la ruta.
La corriente de la marea nos fue llevando, casi sin darnos cuenta hasta Gallineras, donde era el primer reagrupamiento. Mientras tanto saludamos a Pepi, a Deli y Coco, a Rei …y a otros conocidos que venían de Rota… y departíamos con otros compañeros que era la primera vez que nos veíamos. Esperábamos haber encontrado a alguno de los compañeros de San Fernando Kayak, pero no vino ninguno. El viento empezó a arreciar y en algunos tramos se hacía bastante fuerte, casi no podía dejar de palear para hacer fotos porque el viento nos llevaba. En mi opinión, el grupo se estiró demasiado por los caños y Eduardo, confiado en la zodiac, que nos escoltaba, no hizo ninguna paradita para volvernos a reagrupar. Éramos muchos y algunos con muy poca experiencia y el viento y las condiciones del agua, se estaban poniendo para destruir afición más que para favorecerla. Vi como algunos habían dejado parte de la piel de sus dedos en las palas. Por fin llegamos al Centro de Recursos Ambientales 'Salinas de Chiclana' donde comimos. Sobre el arroz, me remito a lo que dice Coco en su blog y al comentario que yo le hago. Pero el momento entre los amigos y el entorno fueron muy agradables. Paco me enseñó las bondades de su pala y de su nuevo GPS y me metió ganas para comprarme uno. Algunos chicos desistieron de seguir la vuelta en kayak y se fueron desde el Centro de Recursos en coche.
Al volver, la marea ya bajaba y no hubo más remedio que meterse en el fango. Gracias a la colaboración de un chico romano, Concha y yo, pudimos entrar en el kayak, sin mucha dificultad. De nuevo teníamos la corriente a favor y también el levante, por lo que en muchos tramos, prácticamente nos dejábamos llevar. Sin embargo, en otros tramos, sobretodo en las confluencias de algunos caños, donde su orientación favorecía el levante, se hacía bastante difícil y me alegraba de que Concha viniera conmigo en la doble, por que si no se habría asustado. Especialmente duro fue el tramo previo a la llegada a Sancti-Petri, que al estar abierto por el Este, se notaba el levante de una manera exacerbada. Calculo que por esa zona el viento soplaba, al menos, a 40 km/h. Casi nos empujaba a la otro orilla y teníamos que poner proa al levante para rectificar y casi nos dejaba clavados, sin avanzar. En fin, una aventurilla más. Finalmente alcanzamos la playa lindante a la rampa y tras asear del barro, piernas, pala y kayak dimos por terminada la travesía. Hicimos unos 21 kilómetros según el GPS de Paco. Eduardo y Paco, de Cádiz, de nuevo me ayudaron a portear y subir el kayak a la baca. Gracias de nuevo. Y vuelta para casa, como dice la sevillana… “cansao, pero contento”.
“Daremos un paseíto por las marismas y luego iremos al Castillo de Sancti-Petri. Cuando regresemos nos encontraremos 'la mesa puesta'. No podéis faltar, los que han venido otros años, repetirán, y el que no ha venido, pues tiene que venir.”Mira aquí.
Y efectivamente nosotros pensamos repetir el próximo año, si Eduardo nos lo permite.
Llegamos a Sancti Petri sobre las 10.30 y nos encontramos en la rampa con Eduardo y Jesús. Curiosamente durante el camino veníamos hablando Concha y yo de Jesús, pues hace un par de años estuvimos hablando con él, que se dirigía al Castillo. Por aquel entonces, a nosotros, el castillo nos parecía lejísimo, como algo inalcanzable, y entonces, nuestras primeras salidas eran por la orilla de la flecha, doscientos metros para arriba y otros tantos para abajo, je je je, y así disfrutábamos. Hoy sonrío al recordarlo. Así que en cuanto vimos a Jesús lo reconocimos. Inmediatamente llegó Coco en bici y nos saludamos.
Fueron llegando más kayakistas, entre otros Rocío y Edgar, que ya coincidimos en la I Concentración de la Bahía. Llegaron Pepi, Antonio Ortiz, Mamen, Toñi, las dos Natalias… Fuimos sacando los kayaks de las instalaciones de Eduardo y haciendo los preparativos para la travesía. Dimos a Eduardo diez euros cada uno, con los cuales se iría más tarde al supermercado para comprar las bebidas y viandas con las que después repondríamos fuerzas y celebraríamos el día con Eduardo. Tengo que resaltar que esta actividad no es onerosa para nosotros, sino más bien gratuita, por gentileza de Eduardo, ya que el dinero se gasta en la comida de regreso.
Zarpamos capitaneados y guiados muy bien por Pepi y Antonio Ortiz con un ritmo tranquilo y disfrutando del paisaje. Sus Kodiak y Seayak nos marcaban el ritmo.
El día estaba estupendo, cielo azul, temperatura muy agradable, que invitaba al baño pero sin calor, prácticamente sin viento…, excelente para navegar.
Nos fuimos introduciendo por los caños, que para mí son un laberinto, disfrutando de la amplitud del horizonte, de su quietud y de su fauna y de ese placer que para mí supone el simple deslizamiento de la embarcación por el agua. Lástima que estos parajes nos queden un poco lejos, porque si no estaría por ellos con muchísima frecuencia.
Cuando terminamos los caños, nos dirigimos a la orilla de la flecha, cerca de la Punta del Boquerón, donde hicimos un descanso y nos dimos un bañito. Proseguimos hacia el Castillo entre la Isleta de los Pájaros y el Bajío Mogueranos. Nos cruzamos con Jesús y Coco que habían salido juntos, pero con otro itinerario que nosotros y sugerí a Coco que se vinieran con el grupo para darnos explicaciones del Castillo del que tengo constancia de que él conoce muchas cosas, pero ya se le hacía tarde y no pudo ser.
Llegamos al Castillo, que lo están dejando desconocido. Lo están enfoscando con un mortero blanco, como al parecer, era su forma, pero como estamos acostumbrados a verlo con los mechinales y demás agujeros y sus sillares ostioneros, pues nos parece como un poco raro. Esperemos que hagan una estupenda restauración, después de tantos años de abandono. Le dimos una media vuelta al castillo y al regresar a los kayaks, Pepi, Concha, Rocío, Edgar y yo nos dimos otro remojón y por último nos volvimos a la rampa.
Eduardo tenía ya la mesa con el mantel puesto y entre todos la cubrimos de cervecitas, vino, langostinos, jamón, salchichón, queso, banderillas, chorizo, piquitos… de los que dimos debida cuenta en un ambiente de buen rollo, muy agradable y con ese puntito que nos da la Cruzcampo y otras bebidas espirituosas que tomamos de postre.
Entre cervecita y cervecita, Eduardo nos invitó a todos a proseguir el día incorporándonos a una salida que tenía concertada para la tarde con otro grupo de kayakterapia. Yo pensé que nos daríamos una siestecita en el hotel y volveríamos a la actividad, pero qué va… cuando nos dimos cuenta eran ya las seis de tarde y con el puntito puesto, Pepi, Rocío, Concha, Edgar, Eduardo y yo nos incorporamos a la kayakterapia, que en una primera parte fue de risoterapia.
Esa segunda salida, dirigida ahora por Eduardo, comentándonos la fauna y algunas anécdotas, con la marea más llena, con silencio, serenidad y otros colores diferentes a los de por la mañana, nos pareció una gozada. Así fue llegando el ocaso, del que he intentado plasmar su belleza en estas fotos.
Finalmente, llegamos a la rampa, eso sí, destrozados por el doblete.
Como esperábamos, no hay ni que decir que nos lo pasamos pipa y que desde estas líneas pido reserva a Eduardo para el próximo año por san Eduardo, aparte de las que habitualmente tiene en su calendario de concentraciones. Yo las recomiendo todas.
Como no pude explicar bien a Rocío y Edgar en el hotel que nos quedábamos, también he puesto unas fotos.
Al día siguiente, paseo y baño por la playa de la Barrosa, pero esto ya es otra historia…
¡Felicidades Eduardo y muchas gracias por todo! Un abrazo.
Letra de las alegrías de Camarón. Tiriti tran tran … … Que a mí me vio de nacer... Ay, vendita sea la tierra, que a mí me vio de nacer, ay cien años que yo viviera, siempre la recordaré, ay, cien años que yo viviera, siempre la recordaré,
Yo pegué un tiro al aire, cayó en la arena, confianza en el hombre, nunca la tenga, nunca la tenga, hermana, nunca la tenga, yo pegué un tiro al aire, cayó en la arena,
Está mas clara la tarde… Ay, cuando pasa la tormenta, está mas clara la tarde, me gusta reñir contigo porque luego hago las paces.
Que con la luz del cigarro yo vi el molino, se me apagó el cigarro, perdí el camino, perdí el camino, mare, perdí el camino, que con la luz del cigarro, yo vi el molino.
Estás tan descoloría… ¿Quién te ha quitaíto er color? que estás tan descoloria te lo quitó un marinero que con palabritas de amor.
Vente a los titirimundis que yo te pago la entrá, que si tu mare no quiere, ay que dirá, que dirá, ¿ay que tendrá que decir? ¡que yo te quiero y ta doro que yo me muero por ti!
Hemos dado un paseo por los caños de Sancti Petri.
Cuando salí de Sevilla, el tiempo parecía ideal, pero cuando llegué a Sancti Petri se levantó un viento que nos hizo dudar de la salida. No solo fue viento sino que también apareció una llovizna que nos hizo refugiarnos en la caseta de Eduardo. Todos nos mirábamos unos a otros sin saber cual sería la decisión final. Yo pensé en un momento determinado que sería una temeridad salir, pero pasadas ya las once decidimos hacerlo. El problema sobre todo era el viento, pero Eduardo razonó que al meternos por los caños el viento se notaría menos y eran tantas las ganas de salir que teníamos que finalmente lo hicimos aunque algunos se quedaron en tierra.
Eduardo acertó en su decisión y lo pasamos muy bien en el paseo.